jueves, 26 de febrero de 2015

Llegue a la puerta del portal con la lengua fuera. Estaban todos alterados, gritando cada uno por un lado y llamando a la puerta de Luis que todavía no había salido de allí.

Me acerque a la puerta del piso vacío, había un enorme agujero donde antes había una cerradura, se podía ver los muebles de la cocina a través de él, eso si probé a ver si se podía abrir pero la puerta quedó inutilizada, ahora te digo que la bronca que me calló fue chica…

- ¿Estás loca? Como se te ocurre tocar la puerta.
- Mamá por favor ten calma, no pasa nada… era para ver si la puerta se abría.
- Por lo menos utiliza unos guantes muchacha.
- Pero guantes ¿para qué?
- ¡Por si la policía tiene que sacar huellas! Estos chicos de hoy en día no saben nada de las técnicas.
- ¡A mí me parece que veis muchas pelis Pepi! ¿Que crees que va a hacer la poli? ¡eh! Por cierto la habéis llamado ¿verdad? Por lo menos que haya denuncia, aunque no sirva para nada…
- ¡Que si, hija! Que lo primerito que hice fue llamar a la poli.
- ¡Eh! ¿Alguien ha perdido una zapatilla? - la Gaceta asomo su pequeña cabeza por la puerta del portal y con ella una zapatilla azul.
- Lo que me extraña es que no perdamos otras cosas… pero no María aquí solo hemos perdido la seguridad.
- Ejem, esto yo… sí. La zapatilla es mía.

Todos se volvieron a mirarme, y sin excepción hicieron un reconocimiento  de mi aspecto en profundidad y no te digo nada las pintas que llevaba… El pelo alborotado, la bata rosa que me venía grande, el jersey fino y viejo de color gris, los pantalones de chándal que se había quedado para estar en casa por tener manchas de lejía en uno de los bolsillos y mis pies. Mis pies vestidos con unos horribles calcetines gruesos con rallas de colores  llamativos que encima para no tener frío me había puesto por encima de los tobillos cubriendo el pantalón…

- ¡Ains! muchacha no se puede contigo,  vaya pintas que llevas siempre ¡eh!
- Oye Pepi,  cada uno en su casa anda como le parece ¡eh!
- Ya claro pero con algo decente, no vaya a ser que te pille con imprevistos como es el caso…
- ¡Claro! se me olvidaba que hablo con doña perfecta…
- ¿Doña perfecta? Pero tú que te crees…
- Yo no me creo nada, pero ya está bien que siempre que te asomas a la terraza es para ponerme verde.
- ¡Parar ya!
- ¿Yo? ¿Verde? Estas tu apañá, tú te buscas que te digan estas cosas ¡eh..!
- Mira Pepi, no me hagas decir cosas que la vamos a tener muy gorda ¡eh…!
- ¡Silenciooo!

Mi zapatilla voló hacia donde estaba. Pepi y yo que estábamos cara a cara, dejamos de discutir en el acto. La Gaceta había tomado cartas en el asunto y en ese mismo momento se abrió la puerta de Luis que apareció gritando eso de:

“¡Quieto todo el mundo!, que esto lo soluciono yo”


4 comentarios:

  1. Un besazo para ese revuelto de neuronas, tan bien ordenadas en su caos, jajajajaja.
    Eres encantadora.

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  2. ¿Dónde ha quedado el mito de la Cenicienta? Un besote!!!

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    Respuestas
    1. Cuentos maja, puros cuentos jejeje. Besotes.

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¡¡¡Muchas gracias por tu comentario!!!

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