viernes, 7 de noviembre de 2014

A Manolo no le gusta quedase solo en casa, pero si antes de salir le dices: "Lito, ahora vuelvo" como que se queda más tranquilo. Pero sobre todo, si cuando regresas vuelves cargado con la compra no le importa ¡nada!

Si, porque sabe que si no le caen chuches, le cae una bolsa de comida o una de arena,  el caso es que es un egocéntrico y le encanta que haya algo para él. Claro que no todos los días son fiesta y no siempre le puede caer algo, así que esos días se conforma con la caja de leche.

El tío se apodera de ella y de ahí no hay ¡quién le baje! y si hay más de una, pisotea las dos. En fin... es una guerra con él, de hecho fuimos a comprar el lunes y todavía no hemos podido guardar la caja. Gatos...




jueves, 6 de noviembre de 2014



La noche empezó joven, empezó a las ocho de la tarde con la llegada de las invitadas gritando a voz en grito “Encarni, ya verás como meneamos la sábana esta noche” a lo que mi vecina respondía: “Ya te digo, esta noche le dejo seco jajaja” y así con aquellos gritos enfilaron la calle en busca del festín, que estaba programado para las nueve en la plaza de tres calles más abajo. Solo nos quedamos en silencio por dos horas en la que a más de una le salió un flautín como el del mismo Hamerlín, y todo por no haber recibido la invitación.



Sobre las once de la noche la jauría de señoras regresó con la barriga llena y los primeros signos de lo que sería una cogorza monumental, pero tranquilas. La mayoría estaba apoyadas en los coches a la espera de la novia, bajara. Cuchicheaban las unas con las otras por lo que las expectativas de más de uno , de que aquello se desmadrara era poco probable... o ¿no? 


Cinco minutos más tarde la novia apareció con un disfraz de enfermera muy corto, que dejaba a la vista las muchas varices de la Encarni, unas medias con puntillita blancas en la parte superior, que en vez de llevar piernas parecían morcillas embutidas… y una peluca de pelo largo con una diadema con un pene bailando al son del meneo de Encarni, un cuadro. Unas sevillanas empezaron a sonar de fondo mientras dos de las señoras abrían una caja que contenía una enorme tarta en forma de pene y gritaban: “ Que se la coma, que se la coma…” El momento mordida fue memorable, la novia que accedió con mucho gusto se puso la cara fina, fina.

A esas alturas todo el mundo estaba mirando el espectáculo protagonizado por aquel grupo de sesentonas que vivían una segunda juventud, sobretodo mis adoradas vecinas, que no podían creer que ellas estuvieran viendo todo aquello desde la barrera... Sin embargo parece ser que Encarni no se había olvidado de ellas y sacando un megáfono las grito: “Vecinas, ¡uniros a nosotras!” y ya te podrás imaginar lo que tardaron ellas en bajar, bueno un poco más que a su edad van más lentas.

Encarni y alguna de las amigas repartieron a todas las integrantes de aquel grupo, pines con forma de penes que lucían en la oscuridad y camisetas con la cara de la novia. Aquello no había quién lo parase... sobre todo porque megáfono en mano, las incitaron a la batalla:

-          ¿Qué somos?
-          Ladys maduritas
-          ¿Y adónde vamos?
-          A bailar!,¡a bailaarrr!

Y así se alejaron de nuestra calle, desde donde escuchaba aquel cántico en la lejanía. Una noche memorable como predijo Encarni...

¿Qué somos...?


miércoles, 5 de noviembre de 2014


Siempre he tenido la convicción de que los libros hay que descubrirlos leyendo, y no buscando las opiniones en la red. Por eso nunca, pero nunca, ¡NUNCA! leo reseñas en la red (entre otros muchos motivos porque en alguna ocasión me han destrozado un final o porque me han hecho descartar muy buenos libros). Así que mi regla de oro es esa, no leo reseñas.

Elijo mis lecturas cuando visito librerías, entonces me dejo envolver por el olor, por el espacio, las portadas, sus colores… Te confieso que muchas veces paseo por los pasillos estirando el brazo y  rozando el lomo de los libros expuestos en las estanterías. Entonces sin darme cuenta, descubro en algún lugar uno de ellos cuyo título sugerente me mira como invitándome a cogerle, a leerle… No sé qué es, si los dibujos de su portada, el título o qué,  pero lo memorizo y lo guardo en mi lista de lecturas pendientes. Es algo mágico que no sé muy bien cómo explicar. Se podría decir que no encuentro el libro, el libro me encuentra a mí.

Pocas, poquísimas veces, por no decir prácticamente ninguna me he equivocado en mi decisión.  Pero claro está es mi manera de buscar mis lecturas y quizás no sea la tuya. Quizás tú seas de esas personas que si les gusta leer de antemano una recomendación y saber qué es lo que tienen delante. Comprenderás que con lo que te acabo de contar estas reseñas no van a ser algo convencional, no puedo faltar a mi regla de oro, asi que os contaré como han sido mis sensaciones, la ideas que me ha aportado… en fin un poco de todo pero sin desvelar el final ¡claro! ;)


Próximo miércoles:


martes, 4 de noviembre de 2014
 

¿Cuanto se tarda en un trayecto de metro? 10 minutos, 15, 20, 1 hora..., todo depende del espacio por recorrer, la velocidad con la que viajan algunos conductores y la demora de algunos pasajeros a la hora de entrar en el vagón, que dicho de otro modo puede oscilar entre medio segundo o dos minutos largos...

Pero si consigues sacar esta compleja ecuación y dar con el verdadero tiempo que emplearás en el trayecto,  quizás solo entonces sepas si te da tiempo a teñirte el pelo en casa de una amiga y emplear dicho tiempo en que te haga efecto. Sin embargo no todos somos tan prudentes y dos que yo vi hace unos días deben de estar hoy en urgencias con sabañones, o con problemas de alopecia o quién sabe, en el mejor de los casos con el pelo verde…

¡Ains! que cosas hace la gente… pensar que el metro es una peluquería es de lo peor. Mira que si el conductor le da por echarse un cigarrito ¡ya te has quedado sin cabezaaa!


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