jueves, 31 de octubre de 2013


Un espeso y viscoso líquido verde se movía dentro del caldero, mientras al otro lado se escuchaba arrastrar un taburete de madera. Dos golpes, unos pequeños dedos asomaron por el borde del metal describiendo un perfecto arco por cada uno de ellos. La que no se demoró tanto en aparecer, fue la rechoncha nariz que se asomó de golpe por debajo de un gran sombrero negro, acabado en punta.


"Patas de sapo, veneno de culebra que la tinta salga por donde quiera. Cola de escorpión, ojos de tritón que las frases salgan de un tirón. Patas de gallo, lengua de lagarto que los cuentos salgan un largo rato".


Con énfasis echo en el espeso líquido un puñado de los polvos blancos que había en la mesita de al lado. Una pequeña explosión surgió y la nariz y el sombrero desparecieron ante el asombro de sus ojos.

Mucho antes de que pudiera parpadear estaba rellenando un bolígrafo con aquel líquido asqueroso que olía a rallos. El sombrero junto con la nariz se acercó a ella:


-  ¡Listo! aquí lo tienes ¡el truco!, un bolígrafo para que puedas seguir escribiendo tus cuentos. Ahora quiero tu parte, quiero el trato.


Del armario sacó un tarro que contenía ojos y dedos.


 -   Aquí tienes, ojos de murciélago, y dedos de conejo. ¿Contenta?


 -  ¡Mucho!, gracias mamá- le dijo mientras masticaba un dulce dedo de color rosa. 


-   Muy bien Amaya, pero ¡tira esa cosa asquerosa de mi olla!, y… ¡coloca el bolígrafo en su sitio!, y…


La rechoncha nariz se volvió asomar por la puerta con un traje negro hasta los pies, un sombrero en pico y un bote lleno de chuches debajo del brazo.


-   -    Jo mamá, ese no era el trato…




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